NUESTROS FUNDAMENTOS
Escrito por Ivy Nevares
Conceptos de Keith Raniere
   
Soy humano, soy Mexicano. Quiero ver un México lleno de rostros sonrientes, donde mis hijos y los hijos de mis hijos puedan crecer seguros y felices: jugando libremente, disfrutando su belleza natural y la calidez de la familia Mexicana. Quiero vivir en un país donde podamos trabajar juntos, respetarnos y apoyarnos sin importar diferencias o crianza; un lugar en el que nos demos la bienvenida sin miedo. Quiero que mi gente—nuestra gente—sea próspera, independiente de riqueza material, estatus social o afiliación política o religiosa. Quiero que México sea un país donde los ciudadanos atesoremos lo que nos es sagrado. Quiero que el mundo vea a México, y que los mexicanos nos veamos los unos a los otros, con admiración y respeto.

Las cosas no son así.
Soy humano, soy Mexicano. ¿Pero qué significa esto para el resto del mundo y para los mexicanos? Actualmente, México es un lugar donde los niños no pueden jugar en las calles; en vez de ello se esconden tras murallas. México es un país desgarrado por sus clases sociales: la clase alta necesita guardaespaldas y menosprecia a la clase baja; la clase baja a veces se devalúa a sí misma; con frecuencia no reconocemos que las personas somos más que el dinero que tenemos. Esta división es el corazón de la violencia. El mundo ve a los mexicanos primitivos, violentos, irresponsables e insignificantes: nosotros nos vemos así. Nos peleamos; secuestramos y le robamos a nuestros compatriotas; fomentamos fuerzas políticas corruptas; creamos arrogancia de clases y abusamos de los más necesitados; todo esto mientras el resto del mundo observa. Las cosas están empeorando y el resto del mundo espera y se ríe.

Ya no toleraré esto.
Una constelación de eventos que rara vez se presenta en la historia ha traído una oportunidad a nuestro país. México tiene la oportunidad de transformarse de una manera que ningún otro país ha logrado: Estados Unidos, Alemania, Rusia, China jamás lo han logrado. Tenemos una serie de factores que se alinean y hacen único a nuestro país. Por un lado, tenemos nuestro espíritu cultural, nuestro nacionalismo. También tenemos nuestra tradición del canto y la música. México tiene menos clases sociales y estratos políticos, lo que le permite a todo Mexicano tener una especie de sabiduría y escepticismo sano para efectuar un cambio verdadero. La situación nos importa: no somos un pueblo apático. Nuestra lucha de clases ha llegado a un nivel de violencia con secuestros, robos y asesinatos que es único en el mundo. Con este dilema único viene la oportunidad de crear una solución extraordinaria. México podría volverse la primer nación civilizada—civilizada por su gente, no por su gobierno—donde la gente es civilizada debido a la conexión, no debido a la fuerza. La verdadera civilización jamás es por la fuerza. El que México se transforme deja a los demás grupos o naciones sin excusas.
Soy una parte integral de esta transformación.
Todas las naciones son naciones de personas, por lo tanto todas las naciones reflejan las conductas y actitudes de las personas que las componen. Transformar a México comienza con transformarme a mi. Todo lo que hago y dejo de hacer afecta a toda la gente para siempre. Tengo dos opciones: transformar a México en el país que quiero, o no. Si no me transformo activamente, México a fin de cuentas caerá bajo su propia violencia y se volverá un títere de otras potencias mundiales.

La violencia empieza y termina conmigo. Exigirle a los demás que se comporten de cierto modo sólo puede hacerse la fuerza, es incivilizado y violento. Las clases sociales son un tipo de violencia en el que todos nacemos y que todos perpetuamos. Toda violencia y opresión provienen del miedo: aún la persona más violenta no es más que un niño temeroso en el fondo. Contrarrestar la violencia y la opresión con más violencia y opresión es apostarle más a un juego que nadie puede ganar. Para poner fin al problema debemos encontrar la raíz del miedo y buscar transformarlo con compasión.

La compasión empieza y termina conmigo. La compasión no es lástima; compasión es ver a los demás como lo mejor de mi. Sólo la compasión puede terminar con la violencia. Buscaré construir el México que quiero a través del ejemplo y la inspiración. Inspirar el comportamiento a través del ejemplo es la base de la civilización. Lucharé, ante todo, por defender el ideal de la compasión en mi y en el mundo. Aún el acto más diminuto de compasión es una victoria.

Este es un movimiento de personas—es apolítico, laico y sin fines de lucro—y debe permanecer así. Los sistemas de gobierno—como el capitalismo, el socialismo y el comunismo—son meramente herramientas. Ninguna herramienta en sí es mejor que la otra: en manos de personas compasivas y éticas, con cualquiera de ellas se pueden lograr excelentes resultados; y en manos de personas malintencionadas, cualquiera de ellas destruye y crea esclavitud. Las herramientas que utilizamos son el boicot, la protesta, la visibilidad de la verdad, el canto y otros medios creativos para inspirar la transformación sin violencia. Nuestras actividades deben permanecer de contacto humano directo y libres de violencia.

Si cada persona puede ver sólo un poco más allá de su nariz, podemos lograr resultados históricos sin precedentes. Se podría decir que la grandeza de una civilización es la suma de sus actos compasivos. Hagamos que México sea visto como la más grande civilización de la historia.